© 2026 La Zurda. Todos los derechos reservados.

Opinión

Todos los contenidos de nuestro sitio son propiedad de sus respectivos creadores intelectuales o de LA ZURDA, y por consiguiente cualquier uso de los mismos está sujeto a la aprobación previa de LA ZURDA. El extracto informativo de los contenidos de nuestro sitio está autorizado siempre que se cite la fuente de procedencia. Las opiniones vertidas por los autores y las autoras, así como la información relativa a sus perfiles, serán de su exclusiva competencia y responsabilidad. LA ZURDA no se hace responsable de lo que los autores y autoras escriban.

Durante la década de 1990, los teóricos y activistas queer desarrollaron una nueva forma de hablar sobre el género. Su enfoque, por supuesto, tenía puntos en común con el vocabulario feminista más establecido, pero tenía un énfasis diferente; una teoría diferente lo sustentaba. Básicamente era la teoría de la identidad posmodernista, asociada con la filósofa Judith Butler, (El género en disputa (1990, Paidós, 2019), aunque dudo que la propia Butler dijera que las feministas no tenían un análisis crítico del género. Este nuevo enfoque trascendió a opciones políticas muy diferentes.

¿Qué significa que una madre tenga coche? El que más o el que menos se lo ha preguntado alguna vez. Cuando digo una madre, digo eso, una mamá, puede ser un papá o un engendro, una persona, un ente, una mujer, una joven, alguien que fue una chica como yo, pero que ahora tiene niños, que ha traído hijos al mundo y que por ello cambia su vida, bueno, debe cambiar su vida, a otra diferente, con otras características muy peculiares. No es ninguna broma.

Unas fueron filósofas; otras, médicas (curanderas); otras, arquitectas. Maestras, científicas, inventoras, creadoras, escritoras, poetas o escultoras. Políticas o guerreras. Todas, mujeres que con su voz, su inteligencia, su sensibilidad, su sabiduría contribuyeron a crear un mundo mejor y dar pasos hacia un mundo que fue saliendo poco a poco de la oscuridad. Sin embargo, todas participaron de un lugar común, aquel al que un mundo patriarcal y excluyente pretendió arrinconarlas. El lugar donde reina el silencio, la ignorancia y la invisibilidad. Pero si hay un campo en el que la mujer ha sido sistemáticamente arrinconada o apartada este ha sido el de la Ciencia.

Según el Proyecto de informe sobre la pobreza de las mujeres en Europa (2021/2170(INI)) del Parlamento Europea que vio la luz el pasado 19 de noviembre, las mujeres de la Unión Europea están más afectadas por la pobreza y la exclusión social que los varones. Mientras el riesgo de pobreza y exclusión en 2020 involucró al 22,9% de las mismas, al 20,9% de los hombres, constatándose desde 2017, en todos los Estados integrantes, un aumento de la brecha de género (en 2019 la de las mujeres de los países de la UE-27 fue del 25,1 % (antes de transferencias sociales) y del 17,1 % (tras transferencias sociales)[1].

Que las mujeres pudieran confirmar sus embarazos en la intimidad de su propia casa se describió como una "pequeña revolución privada" hace 35 años, cuando la primera versión casera de la prueba de embarazo moderna apareció en Estados Unidos. Hoy, los tests de embarazo se encuentran entre las pruebas de diagnóstico más utilizadas y representan cientos de millones de dólares en ventas cada año.

Una de las grandes escuelas historiográficas del siglo XX es, sin lugar a dudas, la de los Historiadores Marxistas Británicos. Revolucionaron el panorama historiográfico a través de sus libros y de su revista, Past and Present, con una nueva premisa: “La historia desde abajo”. Pretendían rescatar la experiencia de las clases populares a través de una nueva forma de hacer Historia, de una Historia vinculada al marxismo militante y al análisis de clase.

Leer más