Rodeados de disruptores endocrinos
Como muchos de los materiales y productos citados forman parte de nuestra vida cotidiana, rara vez nos detenemos a pensar en su composición o en las sustancias que pueden liberar al medio ambiente. Pero es que además implican una exposición constante, aunque muchas veces invisible, a los llamados disruptores endocrinos, compuestos capaces de imitar, bloquear o interferir con el sistema hormonal de los seres vivos. Dichas sustancias pueden entrar en el organismo a través de la alimentación, el agua, el aire o el contacto con la piel.
La exposición a los disruptores endocrinos se ha relacionado con diferentes problemas de salud, causados por las alteraciones fisiológicas que desencadenan. Se sabe que aumentan el riesgo de padecer obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, así como trastornos cognitivos y de la conducta.
Los investigadores también han detectado un incremento de la incidencia de algunos tipos de cáncer –en especial aquellos dependientes de hormonas, como el de mama y de próstata–, alteraciones en la inmunidad, problemas óseos y de crecimiento y problemas reproductivos y de fertilidad. Esta última categoría incluye la alteración y precocidad de la pubertad y la menopausia, como veremos en profundidad a continuación.
Efectos en la salud femenina
Concretamente, los disruptores endocrinos pueden interferir con la función del los ovarios, al alterar la señalización hormonal y la síntesis de hormonas esteroides. Esto se ha relacionado con una disminución de la reserva ovárica y posibles cambios en la edad de inicio de la menopausia, así como con una mayor intensidad de algunos síntomas asociados a la transición menopáusica.
Por ejemplo, fueron reveladoras las conclusiones de un análisis transversal realizado en 2015 con 31 575 mujeres de 30 o más años. Los investigadores observaron que aquellas con mayor exposición a disruptores endocrinos presentaban, en comparación con las de menor contacto, una edad de menopausia significativamente más temprana, con una diferencia estimada de entre 1,9 y 3,8 años.
En la misma línea, la exposición a determinados disruptores, como los compuestos perfluoroalquilados y polifluoroalquilados y los ftalatos, se ha asociado con una menopausia más temprana, una menor reserva ovárica, alteraciones en los niveles de hormonas sexuales, trastornos del sueño y una mayor frecuencia de sofocos durante la transición menopáusica. Se trata de sustancias presentes en superficies antiadherentes e impermeables, envases alimentarios, cosméticos y juguetes, entre otros productos de uso cotidiano.
Regulación insuficiente
Dada la acumulación de evidencias, se han puesto en marcha diversas medidas regulatorias y preventivas. Así, el reglamento europeo REACH (Registration, Evaluation, Authorisation and Restriction of Chemicals) ha restringido el uso de disruptores endocrinos como el bisfenol A (BPA), el perclorato y varios ftalatos en productos cotidianos e industriales.
Sin embargo, las autoridades reguladoras todavía no han establecido una definición homogénea y universalmente aplicable para este tipo de compuestos, de los que actualmente se habrían identificado ya más de 100. Además, los niveles seguros de exposición tampoco están completamente fijados debido a la limitada información disponible sobre sus características. Esto incluye las relaciones dosis-respuesta, los efectos a largo plazo, las interacciones entre mezclas de sustancias y las exposiciones acumulativas.
Entonces, ¿qué podemos hacer?
En todo caso, es recomendable reducir el uso de productos que contienen disruptores endocrinos ya identificados y sustituirlos por alternativas más seguras.
Algunas medidas prácticas incluirían evitar el uso de plásticos y optar por materiales como el vidrio (por ejemplo, en utensilios y recipientes de cocina); utilizar medios de transporte más respetuosos con el medio ambiente; lavar adecuadamente frutas y verduras expuestas a pesticidas para disminuir su carga química; beber agua filtrada o del grifo cuando sea seguro hacerlo; y elegir productos cosméticos y de cuidado personal con formulaciones más respetuosas con la salud y el medioambiente.![]()
Sara Hurtado Barroso, Profesora lectora, Departamento de Ciencias Biomédicas, Universitat Internacional de Catalunya
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.